Negociaciones y productividad: inteligencia Emocional la mejor meta para este año

13/3/2025

Liderazgo.

Negociaciones y productividad: inteligencia Emocional la mejor meta para este año

¿Sabes cuál es la principal habilidad de liderazgo para los negocios? Es la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional es la capacidad de un individuo para reconocer y gestionar las emociones en sí mismo y en los demás. ¿Has notado alguna vez cómo las emociones en el lugar de trabajo pueden ser perjudiciales o beneficiosas? Una inteligencia emocional desarrollada puede marcar una gran diferencia en el desempeño y productividad. Tener poca conciencia de sí mismo puede convertirse en un gran problema para muchas empresas y presentarse así:

  • Dudas a la hora de mantener conversaciones cruciales.
  • Desbordamientos emocionales en reuniones.
  • Poco enfoque para hacer las tareas en forma eficiente.
  • Posponer tareas importantes debido a preocupaciones, angustias, etc.

La conclusión es que ignorar las emociones puede ser perjudicial para el desempeño laboral en general.

Nos convertimos en lo que nos instruyen; a muchas personas se les enseña inteligencia emocional en casa, en la escuela o en el lugar de trabajo. La autoconciencia es un elemento básico en el lenguaje del liderazgo contemporáneo. Aunque muchos líderes presumen de su autoconocimiento, solo entre el 10 y el 15 por ciento de la población cumple con los criterios. 

Para muchos, la autoconciencia, requiere un conocimiento enfocado del propio carácter, sentimientos, motivaciones, historia y deseos. Descubrir y volverse más consciente de uno mismo puede ser un camino arduo y doloroso, sin embargo, es una gran inversión. Observar y analizar la información que se obtiene de la familia, los colegas, los amigos y la socialización de uno mismo ayuda a crear una mentalidad saludable y presente. 

La autoconciencia ayuda a descubrir lo que es importante y lo que no para uno mismo. Aprender a ser consciente de nuestra persona también proporciona los conocimientos y las habilidades necesarias para modificar la propia perspectiva y alcanzar el máximo potencial, no solo para uno mismo, sino también para el beneficio de los demás (familia, amigos, colegas e incluso desconocidos). La parte más importante del autoconocimiento consiste en centrarse en tomar conciencia de uno mismo, estar presente, comprender, reconocer las fortalezas y áreas de oportunidad. El trabajo de autoconocimiento también consiste en analizar los puntos de vista, prejuicios, perspectivas, suposiciones, y reflexionar sobre cómo afectan en nuestra vida. Este paso suele subestimarse, pero puede ayudar a llegar a un estado de entendimiento sobre dónde se encuentra uno mismo en el momento.

Estar presente es estar en el aquí y ahora, es prestar atención, aceptar nuestros sentimientos y tener la capacidad de saber por qué sentimos, pensamos y actuamos como lo hacemos. Una de las ventajas más importantes de la autoconciencia es el desarrollo de mayor empatía por los demás y por uno mismo. La empatía es la acción de comprender, ser consciente, ser sensible y experimentar indirectamente sentimientos, pensamientos y experiencias del otro. A medida que se adquiere autoconciencia y empatía, se desarrollan mejores conexiones y relaciones con uno mismo y con los demás, tanto a nivel personal como profesional. Esto genera un nuevo entendimiento: todos desean ser comprendidos y que sus emociones sean validadas.

Las personas que ya son conscientes de sí mismas o están aprendiendo sobre ello pueden comenzar a ver sus propios patrones de comportamiento y motivos. Se dan cuenta de cómo las emociones y las acciones afectan a quienes las rodean, para bien o para mal. A medida que se practique la autoconciencia, podremos nombrar nuestras propias emociones cuando surjan y, con el tiempo, comenzar a comprender por qué están ahí. También ayuda a reconocer los factores desencadenantes e identificar fortalezas y limitaciones. 

5 preguntas clave para la toma de autoconciencia:

1. ¿Tengo la capacidad de reconocer mis propias emociones?

2. ¿Tengo la capacidad de relacionarme con las emociones de los demás?

3. ¿Tengo el talento de escuchar profundamente a los demás? (y estar realmente presente, sin hablar ni navegar por teléfono, ni demás distractores...).

4. ¿Tengo la capacidad de participar activamente en las comunicaciones interpersonales y comprender las señales no verbales del comportamiento?

5. ¿Puedo controlar mis pensamientos y sentimientos para responder, sin reaccionar emocionalmente? (esta es una pregunta difícil).

Lo valioso de estas preguntas, más allá de responderlas bien o mal, radica en el espacio de reflexión que se genera con uno mismo, ya que, si ponemos atención descubriremos más datos de cómo está conformado nuestro marco emocional y de pensamiento.

La capacidad de gestionar eficazmente las emociones y expresarlas de una manera socialmente aceptable nos de la capacidad de recibir críticas de forma positiva y beneficiarnos de ellas. Esto también brinda el poder de perdonar, olvidar y seguir adelante en forma racional, tanto para ti como para los demás. Y lo más importante nos da la capacidad de gestionar con éxito tareas, proyectos, y negociaciones complejas.

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